Tribunal Quotes

Authors: A B C D E F G H I J K L M N O P Q R S T U V W X Y Z
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4. Religion. Your reason is now mature enough to examine this object. In the first place, divest yourself of all bias in favor of novelty & singularity of opinion... shake off all the fears & servile prejudices, under which weak minds are servilely crouched. Fix reason firmly in her seat, and call to her tribunal every fact, every opinion. Question with boldness even the existence of a God; because, if there be one, he must more approve of the homage of reason, than that of blindfolded fear. You will naturally examine first, the religion of your own country. Read the Bible, then as you would read Livy or Tacitus. The facts which are within the ordinary course of nature, you will believe on the authority of the writer, as you do those of the same kind in Livy and Tacitus. The testimony of the writer weighs in their favor, in one scale, and their not being against the laws of nature, does not weigh against them. But those facts in the Bible which contradict the laws of nature, must be examined with more care, and under a variety of faces. Here you must recur to the pretensions of the writer to inspiration from God. Examine upon what evidence his pretensions are founded, and whether that evidence is so strong, as that its falsehood would be more improbable than a change in the laws of nature, in the case he relates. For example in the book of Joshua we are told the sun stood still several hours. Were we to read that fact in Livy or Tacitus we should class it with their showers of blood, speaking of statues, beasts, &c. But it is said that the writer of that book was inspired. Examine therefore candidly what evidence there is of his having been inspired. The pretension is entitled to your inquiry, because millions believe it. On the other hand you are astronomer enough to know how contrary it is to the law of nature that a body revolving on its axis as the earth does, should have stopped, should not by that sudden stoppage have prostrated animals, trees, buildings, and should after a certain time have resumed its revolution, & that without a second general prostration. Is this arrest of the earth's motion, or the evidence which affirms it, most within the law of probabilities? You will next read the New Testament. It is the history of a personage called Jesus. Keep in your eye the opposite pretensions: 1, of those who say he was begotten by God, born of a virgin, suspended & reversed the laws of nature at will, & ascended bodily into heaven; and 2, of those who say he was a man of illegitimate birth, of a benevolent heart, enthusiastic mind, who set out without pretensions to divinity, ended in believing them, and was punished capitally for sedition, by being gibbeted, according to the Roman law, which punished the first commission of that offence by whipping, & the second by exile, or death in furee¢... Do not be frightened from this inquiry by any fear of its consequences. If it ends in a belief that there is no God, you will find incitements to virtue in the comfort and pleasantness you feel in its exercise, and the love of others which it will procure you... In fine, I repeat, you must lay aside all prejudice on both sides, and neither believe nor reject anything, because any other persons, or description of persons, have rejected or believed it... I forgot to observe, when speaking of the New Testament, that you should read all the histories of Christ, as well of those whom a council of ecclesiastics have decided for us, to be Pseudo-evangelists, as those they named Evangelists. Because these Pseudo-evangelists pretended to inspiration, as much as the others, and you are to judge their pretensions by your own reason, and not by the reason of those ecclesiastics. Most of these are lost... [Letter to his nephew, Peter Carr, advising him in matters of religion, 1787]

Thomas Jefferson
De­jele que entre nosotros existe­a una sociedad de hombres educados desde su juventud en el arte de probar con palabras multiplicadas al efecto que lo blanco es negro y lo negro es blanco, segeºn para lo que se les paga. El resto de las gentes son esclavas de esta sociedad. Por ejemplo: si mi vecino quiere mi vaca, asalaria un abogado que pruebe que debe quitarme la vaca. Entonces yo tengo que asalariar otro para que defienda mi derecho, pues va contra todas las reglas de la ley que se permita a nadie hablar por si mismo. Ahora bien; en este caso, yo, que soy el propietario lege­timo, tengo dos desventajas. La primera es que, como mi abogado se ha ejercitado casi desde su cuna en defender la falsedad, cuando quiere abogar por la justicia -oficio que no le es natural- lo hace siempre con gran torpeza, si no con mala fe. La segunda desventaja es que mi abogado debe proceder con gran precaucion, pues de otro modo le reprendere¡n los jueces y le aborrecere¡n sus colegas, como a quien degrada el ejercicio de la ley. No tengo, pues, sino dos medios para defender mi vaca. El primero es ganarme al abogado de mi adversario con un estipendio doble, que le haga traicionar a su cliente insinuando que la justicia este¡ de su parte. El segundo procedimiento es que mi abogado de a mi causa tanta apariencia de injusticia como le sea posible, reconociendo que la vaca pertenece a mi adversario; y esto, si se hace diestramente, conquistare¡ sin duda, el favor del tribunal. Ahora debe saber su see±ore­a que estos jueces son las personas designadas para decidir en todos los litigios sobre propiedad, ase­ como para entender en todas las acusaciones contra criminales, y que se los saca de entre los abogados me¡s he¡biles cuando se han hecho viejos o perezosos; y como durante toda su vida se han inclinado en contra de la verdad y de la equidad, es para ellos tan necesario favorecer el fraude, el perjurio y la vejacion, que yo he sabido de varios que prefirieron rechazar un pinge¼e soborno de la parte a que asiste­a la justicia a injuriar a la Facultad haciendo cosa impropia de la naturaleza de su oficio. Es me¡xima entre estos abogados que cualquier cosa que se haya hecho ya antes puede volver a hacerse legalmente, y, por lo tanto, tienen cuidado especial en guardar memoria de todas las determinaciones anteriormente tomadas contra la justicia comeºn y contra la razon corriente de la Humanidad. Las exhiben, bajo el nombre de precedentes, como autoridades para justificar las opiniones me¡s inicuas, y los jueces no dejan nunca de fallar de conformidad con ellas. Cuando defienden una causa evitan diligentemente todo lo que sea entrar en los fundamentos de ella; pero se detienen, alborotadores, violentos y fatigosos, sobre todas las circunstancias que no hacen al caso. En el antes mencionado, por ejemplo, no procurare¡n nunca averiguar que derechos o te­tulos tiene mi adversario sobre mi vaca; pero discutire¡n si dicha vaca es colorada o negra, si tiene los cuernos largos o cortos, si el campo donde la llevo a pastar es redondo o cuadrado, si se la ordee±a dentro o fuera de casa, a que enfermedades este¡ sujeta y otros puntos ane¡logos. Despues de lo cual consultare¡n precedentes, aplazare¡n la causa una vez y otra, y a los diez, o los veinte, o los treinta ae±os, se llegare¡ a la conclusion. Asimismo debe consignarse que esta sociedad tiene una jerigonza y jerga particular para su uso, que ninguno de los deme¡s mortales puede entender, y en la cual este¡n escritas todas las leyes, que los abogados se cuidan muy especialmente de multiplicar. Con lo que han conseguido confundir totalmente la esencia misma de la verdad y la mentira, la razon y la sinrazon, de tal modo que se tardare¡ treinta ae±os en decidir si el campo que me han dejado mis antecesores de seis generaciones me pertenece a me­ o pertenece a un extrae±o que este¡ a trescientas millas de distancia.

Jonathan Swift
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